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miércoles, 19 de febrero de 2014

Las dos caras de la improvisación

La improvisación como performance; versus fuente generadora de movimiento; desequilibrio y crecimiento.


Improvisar(De improviso).
1. tr. Hacer algo de pronto, sin estudio ni preparación. Definición tomada de: ("R.A.E" "Diccionario de la Real Academia Española.")




Desde mi punto de vista existen dos grandes tipos o corrientes de improvisación.

La primera y mas conocida es la que normalmente vemos en los espectáculos de improvisación teatral, de hecho hay una gran corriente artística donde se manejan ciertas técnicas y reglas de juego para realizar este tipo de performance escénico o "teatro Impro", muy popular en países como España y Argentina y que ha venido tomando fuerza y seguidores en toda latino-américa. Esta primera forma está más dirigida al espectáculo como tal, al resultado escénico estético y a captar el interés del espectador. Yo soy un gran apasionado de esta forma escénica ya que además de ser espontanea (en la mayoría de los casos), tiene el valor de que le permite al interprete utilizar su instrumento al límite, y trabajar momento a momento, se adquiere un amplio sentido del espacio escénico y el tiempo y te permite conectarte, sentir literalmente la energía de los espectadores y de tus compañeros de equipo.

La segunda forma de improvisación y sobre la cual quiero detenerme un poco más, es la improvisación total, la que parte de la etimología de la palabra improvisar. "Hacer algo de pronto, sin estudio ni preparación" Por poner un ejemplo, la improvisación de un músico será buena o mejor dependiendo del grado de dominio técnico que tenga sobre su instrumento y esto conseguirá que haya público dispuesto a pagar para ver y escuchar su performance, similar situación se presenta con el teatro impro, hay una condición previa: el dominio de tu instrumento.
 Ahora si alguien que nunca hubiera tocado un piano por ejemplo, decide tocar las teclas y generar ciertos sonidos, cadencias y ritmos, nadie podría negar que ahí se ha dado un hecho artístico, una expresión artística surgida de un ser humano que sintió la necesidad de expresarse con un instrumento y por un medio desconocido para él. Tal vez el valor estético sea ínfimo de acuerdo a los estándares  aceptados y posiblemente nadie pagaría por escuchar este arrebato musical. Pero el verdadero valor de esto reside en que esta persona que se decidió a darle salida a sus sentimientos por un medio desconocido, ha trascendido sus límites ha decidido cruzar el puente y salirse de una zona de seguridad y confort para explorar sensaciones nuevas.

Este desequilibrio generado por este ser humano no generará gran cosa hacía afuera, hacía el resultado. Pero hacía adentro, hacía el proceso de crecimiento artístico humano sí que se generara un gran acontecimiento, se ha dado un paso se ha conquistado terreno nuevo, se ha crecido interiormente.

Este acto de improvisar totalmente hace que nuestro yo interno se ejercite al máximo, nos enfrenta contra nuestros miedos y bloqueos y nos convierte en un ser humano renovado, con más mundo, con más comprensión, con menos temor y con más juego.

Como artistas debemos expandir nuestro ser constantemente para generar o llegar a nuevos niveles estéticos, esto solo se logra cuando cruzamos puentes, soltamos máscaras y nos desafiamos a nosotros mismos.

Intente hacer algo nuevo, incomode su cuerpo y sus sentimientos de tanto en tanto, desafíe sus sentidos, juegue y crezca como artista y como ser humano. Lo anterior se puede lograr a través de la improvisación total, como cuando nos lanzamos del trampolín de dos metros de altura por primera vez o cuando perdimos el equilibrio en nuestra bicicleta y sufrimos la primera caída, ese pequeño viaje físico del trampolín al agua, de la bicicleta al asfalto, fue un viaje de años luz a nivel emocional, sentimental y de crecimiento total.

Dejemos el resultado de lado y pensemos más en el proceso y lo demás vendrá a su debido tiempo. Es mejor esto que resultados artificiales que te paralizan como artista y te engañan y te aprisionan.

Les quiero además compartir este artículo que encontré en la web, es un resumen del artículo titulado "Free Play" del artista Stephen Nachmanovitch.

Les recomiendo además que visiten la web donde se hospeda el artículo, ahí podran encontrar material interesante sobre la improvisación y el arte en general. Más abajo les dejo el enlace.


LA IMPROVISACIÓN EN LA VIDA Y EN EL ARTE  (Free Play)



Por Stephen Nachmanovitch,


Escritor, artista digital, violinista, compositor, y educador. Nació en 1.950 y estudió en la Universidadde Harvard y Columnbia. Ha dictado conferencias sobre la creatividad y las dimensiones espirituales y sociales del arte. Desde 1.970 ofrece innumerables conciertos improvisados de violín, viola y violín eléctrico. Actualmente se halla involucrado con el campo de la “música visual”, el video creativo y el software informático que integra música original y gráfica.



Al contemplar el momento de la improvisación, yo descubría modelos relacionados con todas las clases de creatividad; descubría claves y a la vez vivía una vida que se creaba a sí misma, se organizaba a sí misma, y era auténtica. Llegué a ver la improvisación como la llave maestra de la creatividad.En cierto sentido, todo arte es improvisación. Algunas improvisaciones se presentan ya enteras y de inmediato; otras son “improvisaciones ayudadas”, que han sido corregidas y reestructuradas durante un período de tiempo antes de que el público llegue a disfrutar de la obra (…) En el teatro y la danza la improvisación se usa cada vez más no sólo como técnica para desarrollar un material nuevo en el estudio, sino para presentar al público ejecuciones totalmente espontáneas y terminadas. 

Cómo se aprende a improvisar? 
La única respuesta es otra pregunta: Qué nos lo impide? La creación espontánea surge de lo más profundo de nuestro ser y es inmaculada y originalmente nosotros mismos. Lo que tenemos que expresar ya está con nosotros, es nosotros, de manera que la obra de la creatividad no es cuestión de hacer venir el material sino de desbloquear los obstáculos para su flujo natural.Por lo tanto no hay forma de hablar del proceso creativo sin mencionar su opuesto: todo ese asunto pegajoso y resbaladizo de los atascamientos; esa intolerable sensación de estar trabado, de no tener nada que decir... Pero el proceso de trabajar con los bloqueos es sutil...

La única forma de salir de la complejidad es a través de ella. En última instancia las únicas técnicas que pueden ayudarnos son las que inventamos nosotros mismos. Tampoco podemos hablar de “el” proceso creativo, porque hay diferentes tipos de personalidad, y los procesos creativos de uno no son los mismos que los de otro. Mirar el proceso creativo es como mirar un cristal: no importa qué faceta miremos, siempre veremos reflejadas todas las otras... Estos temas interreflejados, prerrequisitos de la creación, son la actitud lúdica, el amor, la concentración, la práctica, la habilidad, el uso del poder de los límites, el riesgo, la entrega, la paciencia, el coraje y la confianza. 

La creatividad es una armonía de tensiones opuestas, que están encapsuladas en nuestra idea inicial: lila(palabra sánscrita) o juego divino...
Si abandonamos el juego, nuestro trabajo se torna pesado y rígido. Si abandonamos lo sagrado, nuestro trabajo pierde su vinculación con el suelo en que vivimos...El conocimiento del proceso creativo no puede reemplazar a la creatividad pero puedo salvarnos de abandonar la creatividad cuando los desafíos son demasiado intimidatorios y el juego libre parece bloqueado. 

Las fuentes:La inspiración y el fluir del tiempo:
La actividad de la creación espontánea es algo tan común para nosotros como respirar...
En las formas de arte compuestas o escritas hay dos clases de tiempo: el momento de la inspiración  en el que el artista recibe una intuición directa de la belleza o la verdad; luego la lucha a menudo laboriosa por retenerla el tiempo suficiente para poder llevarla al papel o a la tela... En la composición musical y el teatro hay además, un tercer tipo de tiempo: además del momento de inspiración y el tiempo que lleva escribir la partitura, está el tiempo de la actuación real.
En la improvisación solo hay un tiempo: el que la gente de computación llama tiempo real: son todos uno solo.La memoria y la intención (que postulan el pasado y el futuro) y la intuición (que indica el eterno presente) se funden...La improvisación se llama también extemporización, que significa a la vez “fuera del tiempo” y “desde el tiempo”.... 

Si ha de dar por resultado una obra de arte tangible, o una improvisación extensa de cualquier calidad, la inspiración creativa debe apoyarse en el tiempo... Por lo tanto el trabajo del improvisador consiste en extender esos flashes momentáneos, extenderlos hasta que se fusionen con la vida cotidiana... Como los balineses podemos decir “No tenemos arte. Todo lo que hacemos es arte.” Para hacer cualquier cosa artísticamente es necesario adquirir una técnica, pero se crea a través de la técnica y no con ella... Seguimos efectuando la importante práctica de planear y programar pero no para atarnos rígidamente al futuro sino para sintonizar el yo.  


El vehículo: el estilo

Los más ínfimos  detalles del cuerpo, el habla, la mente y el movimiento son lo que llamamos estilo, el vehículo a través del cual se mueve y se manifiesta el yo.La esencia del estilo es la siguiente: Hay algo en nosotros, alrededor de nosotros; puede tener muchos nombres, pero por ahora digamos que es nuestra naturaleza original. Nacemos en nuestra naturaleza original, pero además, al crecer, nos acomodamos  a las pautas y costumbres de nuestra cultura, familia, entorno físico y a la actividad cotidiana de la vida que hemos asumido. Lo que nos enseñan solidifica nuestra realidad”... 
Construimos nuestro “yo” a través de las mismas acciones de percepción, aprendizaje y expectativas.  El mundo y el yo se entrelazan y combinan, paso a paso y forma a forma. Si las dos construcciones, el yo y el mundo, se fusionan, pasamos de la infancia a la adultez convirtiéndonos en “individuos normalmente adaptados”. 


A veces se piensa que en la improvisación podemos hacer cualquier cosa. Pero la falta de un plan consciente no significa que nuestro trabajo sea azaroso o arbitrario. La improvisación siempre tiene sus reglas, aunque no sean reglas a priori... Un improvisador no actúa a partir de un vacío sin forma, sino a partir de tres billones de años de evolución orgánica; todo lo que fuimos está de alguna manera codificado en algún lugar de nuestro ser. Más allá de esa vasta historia aun tenemos otros recursos: el diálogo con el yo, diálogo no sólo con el pasado sino con el futuro, el entorno y lo divino que está en nosotros... Ese patrón profundo y rico es la naturaleza original que se imprime como un sello en todo lo que hacemos o somos... El estilo y la personalidad aparecen en cada marca que hace. El estilo es el vehículo de su gran pasión, no sólo personal sino transpersonal.  


El río

El patrón del océano, el patrón del naranjo o el de las gaviotas, surgen orgánicamente : son patrones autoorganizadores. Estos procesos creativos inherentes a la naturaleza son para algunos la evolución,  y para otros la creación. El flujo incesante a través del tiempo y del espacio de este patrón de patrones es lo que los chinos llaman Tao.....El conocimiento que hallamos es entendimiento de una realidad dinámica en flujo constante.... un flujo que no es azaroso sino que es, a su vez, un patrón de patrones. Cuando experimentamos la inspiración, estamos sintonizando este entorno de información siempre presente, siempre cambiante de la estructura profunda de nuestro mundo, este constante fluir del Tao. 


La musa: la intuición
La musa es la voz viva, tal como cada uno de nosotros la experimenta, de la intuición. La intuición es una suma sináptica de la totalidad de nuestro sistema nervioso equilibrándose y combinándose en un solo resplandor…El conocimiento razonado proviene de una información de la que tenemos clara conciencia, y es sólo una muestra parcial de nuestro conocimiento total. El conocimiento intuitivo, en cambio, procede de todo lo que sabemos y de todo que somos...
La improvisación es la intuición en acción, una forma de  describir la musa y aprender a responder a su llamado. Aunque trabajemos en forma muy estructurada, composicional, comenzamos con ese proceso siempre sorprendente en que no tenemos nada que ganar y que perder. Los chorros de intuición consisten en un rápido flujo de elección, elección, elección. Cuando improvisamos con toda el alma, navegando por esa corriente, las elecciones y las imágenes se abren entre sí con tanta rapidez que no tenemos tiempo de asustarnos ni de retroceder ante lo que la intuición nos dice. 

La mente que juega:
La improvisación, la composición, la escritura, la invención, todos los actos creativos son formas de juego, el lugar de comienzo de la creatividad en el ciclo del crecimiento, y una de las funciones primarias de la vida. Sin el juego el aprendizaje y la evolución son imposibles. 

El juego es la raíz de donde surge el arte; es la materia prima que el artista canaliza y organiza con todo su saber y su técnica. La técnica misma surge del juego, porque sólo podemos adquirir la técnica por la práctica de la práctica, experimentando y jugando  persistentemente con nuestras herramientas y probando sus límites y sus resistencias. El trabajo creativo es juego; es especulación libre usando los materiales de la forma que uno ha elegido.El juego es siempre una cuestión de contexto. No es lo que hacemos, sino cómo lo hacemos.

Jugar es liberarnos de las restricciones arbitrarias y expandir nuestro campo de acción. Nuestro juego estimula la riqueza de respuesta y de flexibilidad de adaptación. Este es el valor evolutivo del juego... el hecho de que nos hace flexibles... El juego nos permite reordenar nuestras capacidades y nuestra identidad misma par poder usarlas en formas imprevistas… 
Un artista en ciernes puede tener las más profundas visiones, sentimientos e insights, pero sin destreza no hay arte. La variedad de requisitos que abre nuestras posibilidades expresivas viene de la práctica, el juego, el ejercicio, la exploración, el experimento. Los efectos de la ausencia de  práctica (o de la práctica con insuficiente riesgo) son la rigidez del corazón y el cuerpo, y una extensión de variedad cada vez más estrecha.
La creatividad existe en la búsqueda aún más que en el hallazgo o en ser hallado. Nos causa placer la repetición enérgica, la practica, el ritual. Como juego, el acto es su propio destino. El centro está en el proceso, no en el producto. El juego es intrínsecamente satisfactorio... 

Desaparecer:
Para que aparezca el arte, nosotros debemos desaparecer... La mente y los sentidos quedan un momento en suspenso, completamente entregados a la experiencia. No existe nada más. Cuando “desaparecemos” de esta manera, todo a nuestro alrededor se convierte en una sorpresa, nueva e intacta. El sí mismo y el entorno  se unen. La atención y la intención se confunden. Este estado mental activo y vigoroso es el más favorable para la germinación de la obra original de cualquier tipo. Sus raíces están en el juego del niño, y su máxima floración en la creatividad totalmente desarrollada...Los budistas llaman samadhi a este estado de absoluta y absorta contemplación en que uno se siente separado de sí mismo...Los sufís llaman a este esta faná, aniquilación del sí mismo individual... 

Cuanto más relajados y dispuestos están los músculos, mayor será la variedad de movimientos que puedan hacer....¿Sin impedimentos de qué clase? Por ejemplo, las contracciones involuntarias de los músculos voluntarios, los espasmos de la voluntad. Nuestros miedos, dudas y rigideces se manifiestan fisiológicamente en forma de excesiva de tensión muscular, o de lo que Wilhem Reich llama “armadura corporal”... 
Cada vez que me tenso o me preparo a enfrentar algún error o problema, el acto mismo de tensarme o prepararme hacen que el problema suceda. 

La práctica:
La parte más frustrante, más agónica del trabajo creativo, con la que nos encontramos todos los días al practicar, es que debemos acercarnos al abismo entre lo que sentimos y lo que podemos expresar.
La técnica puede servir de puente para cruzar este abismo. También puede agrandarlo. Cuando vemos la técnica o la destreza como “algo” que hay que lograr, caemos otra vez en la dicotomía entre “práctica” y “perfecto”, lo cual nos conduce a cualquier cantidad de círculos viciosos. Si improvisamos con un instrumento, herramienta o idea que conocemos bien, tenemos la sólida técnica para expresarnos.

La idea occidental de práctica es adquirir destreza. Está muy relacionada con nuestra ética de trabajo, que nos exige soportar ahora la lucha o el aburrimiento, en aras de las recompensas futuras. La idea oriental de la práctica, en cambio, es crear la persona, o más bien actualizar o revelar a la persona completa que ya está allí. No es una práctica para algo, sino una práctica total, suficiente en sí misma.La práctica no es sólo necesaria para el arte; es arte en sí misma. 
La improvisación no es “cualquier cosa”; puede tener el mismo sentido satisfactorio de la estructura y la integridad de una composición hecha en base a un plan...

En la escritura automática y otras formas de experimentación libre nos permitimos decir cualquier cosa, por más atroz o idiota que sea, porque la repetición infantil, canturreada, de un aparente disparate, es el barro de donde sacamos y refinamos nuestro trabajo creativo. En la práctica tenemos un contexto protegido donde probar no sólo lo que podemos hacer sino lo que todavía no podemos hacer... 
Curiosamente, el sin sentido a veces resulta ser bellamente preciso porque estoy mirando hacia otra parte, concentrándome en que un micro-aspecto de la técnica sea interesante e impecable. Hacer que los actos pequeños sean impecables compromete al cuerpo, la palabra y la mente en una única corriente de actividad. 
Es el ejercicio físico que une la inspiración con el producto terminado.Para el artista este es uno de los actos de más delicado equilibrio... Por un lado es muy peligroso separar la práctica de la “cosa real”; por otra parte, si empezamos a juzgar lo que hacemos no tendremos un espacio protegido para experimentar. Nuestra práctica resuena entre ambos polos. 

Estamos “simplemente jugando”, de modo de ser libres para experimentar y explorar sin temor al juicio prematuro: al mismo tiempo tocamos con compromiso total. El dominio viene de la práctica, la práctica viene de la experimentación juguetona y compulsiva (el lado travieso de Lila) y de una sensación de algo maravilloso (el lado divino de lila)...Cuando la destreza llega a cierto nivel se oculta.... 
Cuando la destreza se esconde en el inconsciente, revela al inconsciente. La técnica es el vehículo para traer a la superficie un material inconsciente que normalmente pertenece al mundo de los sueños y los mitos, de manera que se haga visible, nombrable, individualizable.La práctica, en particular la que implica estados de samadhi, a menudo se caracteriza por el ritual. El ritual es una forma de “galumphing”, en la que un ornamento o una elaboración especial marca una actividad que de otro modo es común, separándola e identificándola hasta sacralizándola. 

El poder de los límites:
Los límites son las reglas del juego a las que accedemos voluntariamente, o bien circunstancias más allá de nuestro control que exigen adaptación. Usamos los límites del cuerpo, del instrumento, de las formas convencionales y de las nuevas formas que nosotros mismos inventamos, así como los límites de nuestros colaboradores, del público, del lugar en que tocamos y de los recursos de que disponemos.
A menudo, si no siempre, los artistas trabajan con herramientas tramposas y materiales difíciles de manejar, con sus caprichos, resistencias, inercias e irritaciones inherentes. A veces maldecimos los límites, pero sin ellos el arte es imposible. Nos proporcionan algo con que trabajar, y algo contra lo cual trabajar… El trabajo artístico no se piensa en la conciencia para luego, como fase aparte, ejecutarse con la mano. La mano nos sorprende, crea y resuelve problemas propios. 

A menudo los enigmas que desconciertan a nuestro cerebro se manejan con facilidad, inconscientemente, con la mano.En las artes atléticas de la danza y el teatro vemos este poder de todo el cuerpo, en todo el cuerpo, que es el motivo, el instrumento, el campo y la obra artística misma. 
Otras reglas no se construyen en la vida misma, sino que son las reglas de las formas convencionales o no convencionales, que voluntariamente elegimos seguir. Podemos ponernos a improvisar dentro de cierta escala, modo o ritmo, o en relación con una melodía que conocemos; podemos decidir improvisar sólo con ciertos tipos de forma, pintar sólo con triángulos durante un tiempo, bailar sólo en el suelo o sólo en trapecios. Es un tipo de juego que el artista practica incesantemente, viviendo según un contrato que hace consigo mismo. 
En su juventud Picasso abrió grandes territorios nuevos en el arte reduciéndose a lo que se podía hacer con variantes del color azul.Los límites dan intensidad… 

Trabajar dentro de los límites del medio nos obliga a cambiar nuestros propios límites. La improvisación no consiste en romper las formas y las limitaciones sólo para ser “libre”, sino en usarlas como la forma precisa de trascendernos. Si la forma se aplica mecánicamente, por cierto puede dar como resultado una obra convencional, si no pedante. 
Pero la forma bien usada puede convertirse en el vehículo mismo de la libertad, para descubrir las sorpresas creativas que liberan la mente-en-juego…

Hay una palabra francesa, bricolage, que significa arreglárselas con el material que uno tiene a mano: un bricoleur es una especie de orquesta o persona hábil con sus manos que puede reparar cualquier cosa. El bricoleur es el artista de los límites.La actitud artística, que siempre implica una saludable dosis de bricolage, nos libera para que veamos las posibilidades que se nos presentan; entonces podemos tomar un instrumento común y convertirlo en extraordinario.




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